sábado, 12 de julio de 2008

VUELTA A CASA


Una casa. Paredes, muebles, puertas, ventanas. Sonidos. Olores.

Cada casa tiene su vida propia, que es la vida de los que habitan en ella. Las casas respiran y sienten. A veces están a gusto. Otras veces tienen el día tonto, como las personas. Cada casa tiene sus ruidos, sus secretos. Y mi casa ahora tiene el recuerdo de ti.


Por la tarde, el sol entra oblicuo por los balcones y tiñe todo lo que se pone ante él de un naranja resplandeciente. La rectitud del pasillo se ilumina con un dorado mate y teatral. Hasta el aire parece adquirir una textura satinada con los reflejos del atardecer estival de Madrid.

Acabas de irte y ya siento el hueco que has dejado. Aún percibo un leve aroma a jabón. Pero los muebles parecen más inertes sin tu tacto al pasar. Hay un silencio insalvable que solo consigo disimular con música. Me he acostumbrado a lo bueno. Es tan fácil acostumbrarme a ti. Me he acostumbrado a sentirte por la casa, sentado conmigo en el sofá o haciendo algo en otra habitación. Me he acostumbrado a escucharte canturrear en el baño. A saber que duermes a unos centímetros de mi.

Y la casa se ha acostumbrado a ti, a tus pasos, a tu sonido en las cosas. Y esa tarde al volver de la estación, las paredes se quejaban por tu ausencia. Querían que estuvieras otra vez aquí. Igual que yo. Porque ahora todo me parece más grande. La ciudad entera me parece más grande. Pero aunque te eche muchísimo de menos, sé que días tan especiales como los que hemos pasado se volverán a repetir y eso me hace ser fuerte.

Ya sabes... cada vez más...

2 comentarios:

Pablo dijo...

:)

Cada vez más...

Un b.

QuijoteExiliado dijo...

Se te ha ido la chacha?